18 de junio de 2017 00:00

Un parque-zoológico para conocer a la fauna de la Costa

El Parque Histórico Guayaquil acoge a 42 individuos de cinco especies protegidas. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

El Parque Histórico Guayaquil acoge a 42 individuos de cinco especies protegidas. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora (I)

Un cuerno largo y delgado en la frente distingue al canclón, un ave icónica de la costa ecuatoriana. Antiguamente, su dominio se extendía por la gran provincia de Guayaquil. Hoy es posible verla libre, solo en pequeñas cantidades, en la reserva manglares Churute (en el cantón Naranjal); y también en el Parque Histórico Guayaquil, donde dos se pasean con su señorial plumaje negruzco entre patillos y flamingos, en las lagunas de aves acuáticas.

El parque, ubicado en Samborondón (Guayas), es un zoológico permite revivir el contacto con parte de la fauna más emblemática de la Costa, y que años atrás ocupó amplios territorios. Entre espigados mangles y árboles típicos del bosque seco tropical, las cuatro hectáreas del área de vida silvestre albergan a 350 individuos de 50 especies. Este es el hábitat de venados de cola blanca, monos aulladores, saínos, nutrias, tigrillos, papagayos, perezosos…

A más del área de exhibición, el Parque Histórico Guayaquil acoge a 42 individuos de cinco especies protegidas. El canclón es uno de ellos. También conservan dos papagayos de Guayaquil, ave insigne en peligro de extinción; 34 tortugas terrapene café, un mono araña y tres águilas harpías.

Todas las especies reciben cuidados diarios de alimentación, limpieza de sus albergues y chequeos veterinarios. Las protegidas pasan además por una fase de enriquecimiento ambiental, que es parte de un proceso de adaptación para los animales que se encuentran en cautiverio.

Hasta aquí también llegan especies decomisadas por entidades como la Unidad de Protección del Medio Ambiente (UPMA), de la Policía Nacional, para recibir tratamiento. Los visitantes más recientes son dos papagayos azul amarillos, que ingresaron el 11 de abril.

Uno de ellos está en rehabilitación, porque al vivir durante mucho tiempo en una jaula reducida, en el cantón Durán, se acostumbró a arrancarse las plumas del pecho. Después de casi un mes en el parque, en medio de la vegetación y con áreas más abiertas, su plumaje amarillo nuevamente está creciendo.

Las parlanchinas loras alinaranjas ya pasaron por ese proceso. Ahora silban, saludan y hasta tratan de entablar conversaciones con quienes pasan frente a las cercas de madera que delimitan el área de interacción. En este espacio se da un mensaje claro de protección, en contra del tráfico de animales.

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